sábado, 23 de octubre de 2010

Te lo agradezco, pero no

No sabía como decirlo. Estaba frente a mí, mirandome con esos ojos de cachorro mojado, llenandome de culpa por tener que ponernos en esa situación. Ambos sabíamos que la cosa no daba para más, que todo lo pasado había desembocado finalmente en el mar interminable de lágrimas y sal. Y yo no quería ahogarme.
Me quedé pensando las palabras, a medida que la conversación se arrastraba sobre preguntas cerradas e inconexas. El momento se volvía aspero y sin sentido. Poco a poco, se fue formando la atmosfera, cargada de ese malestar preliminar a las noticias tristes. Se hizo el silencio previo a la tormenta.
Cuando levanté la mirada, me encontré con una expresión de resignación, que no se condecía con las palabras de seguridad que salían de su boca: de que podíamos solucionar las cosas olvidandonos de ciertos hechos que habían pasado. En lo más profundo de su ser sabía que esto era culpa de los dos; que no había sido la única en tomar las decisiones que nos llevaron al punto de decirnos adiós.
Finalmente me levanté de la mesa, con el peso de mis palabras colgando de mis piernas. Parte de mí quería quedarse ahí, hacer lo imposible por remontar el barrilete en la tempestad, pero ya no había más chances en este tiempo. Ya se acabaron los intentos disponibles.
Lo miré por última vez y seguía ahí la misma expresión de resignación. Me fui lo más rápido que pude, huí de esa mirada, que tan bien me conocía, antes de caer nuevamente en el abismo de mi perdición. Nunca dejaré de quererlo, de eso estaba segura, pero había llegado el momento de comenzar a buscar mi propio rumbo... De encontrar aquello que me diera más felicidad que ganas de llorar.

jueves, 21 de octubre de 2010

Homenaje

Yo sé que, para vos, la culpa fue de la fatalidad. Mía primero, y después de la fatalidad. Claro; es fácil sentirte dueña de la verdad mirando las cosas desde una perspectiva definitiva. Pero no es el caso, no es mi caso. Hay dias enque me asfixia la necesidad de tenerte enfrente, de que me escuches aunque sea a la fuerza, hasta que termine de decirte lo que tengo para decir. Si tanto confias en tu manera de ver lo que pasó, ¿por qué no escucharme, aunque ya sea demasiado tarde, como sabemos de sobra los dos?
Puras mentiras, Juan Forn.-

viernes, 15 de octubre de 2010

Y va

Como espuma que flota entre los restos de ola sobre la arena, siento levitar cada célula de mi cuerpo en sintonía con el vibrar el suelo. Busco ondas hipnóticas que favorezcan el esclarecimiento de tal sensación sedante.
No existe, no hay explicaciones ni motivos aparentes para sentir algo distinto a lo que se siente siempre. No se encuentran circunstancias que ameriten este bienestar significativo de mi ser. Simplemente es la calma, claridad de los pensamientos que no se dejan entrever a primera vista. Algo está en equilibrio, algo se aferró fuertemente a su fundamento. Hay alguna parte de mí que ya ha encontrado el paraíso.
¡Qué bueno! Eso significa que tarde o temprano lo que falta de mí, también, ha de llegar.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El colmo

Escuchando una canción de hace unos años atrás, viendo fotografías que alguna vez supe sacar y dándome cuenta que dejo pasar los días como agua que corre hacia el mar, gira mi cabeza, me mareo, y vuelvo a girar. Busco excusas que no aparecerán.
Intento explicarme, explicarles, encontrar las razones para que las cosas parezcan estáticas en medio de tanto movimiento.
La evolución no está haciendo lo necesario. Estancada en un hoyo que sé que no es tan profundo, pero igual me dejo sujetar.
Tienen razón, el problema soy yo... Así que yo misma debería transformarme en la solución.
Lo haré, y volveré cuando lo haya logrado.


domingo, 19 de septiembre de 2010

Amor, amor

Es un sentimiento que le ha robado varias lágrimas a mis ojos y noches a mi sueño. Un par de veces me ha dolido el alma y cuerpo por amores que no fueron buenos. Sin embago, no puedo negar que me encataría volver a sentir amor. Ese amor puro y traslúcido que me da una razón de levantarme cada día de la cama, que me provoca una alegría inmensurable, infinita de ver unos ojos brillar, los labios sonreír, las manos acariciar.
El amor como el óxigeno que respiro, la sangre que recorre mis venas, la esencia misma que me hace vivir con un motivo para seguir luchandola.
Es algo que en mil palabras no lo podría describir, es un sentimiento que por más penas que me haya cobrado seguiré buscando a quién me lo haga sentir. Porque ni la más larga condena que me pueda costar me amedrentaría de conseguir ese instante de genuina felicidad.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Todos los finales son el mismo repetido

Se sacó los lentes y se frotó suavemente el entrecejo, intentando mitigar el dolor en su sien. Hacía rato que le dolía la cabeza y el tener que pasar varias horas frente a la radiación de la computadora sólo contribuía a que aumentara el malestar.
Sara se recostó un instante en el sillón, en un intento no muy logrado de relajar su cuerpo. Tenía sueño y el haber saciado con ansias su hambre ahora la hacía sentir una enorme roca. Por dos segundos se preguntó hacia dónde la hubiera llevado una personalidad y autoestima denigrados en momentos como esos. Conocía las consecuencias de no tener suficiente voluntad, y aberraba los extremos a los que se podía llegar. Pero, lamentablemente, esos dos segundos no le fueron reconfortantes, el sabor amargo de recuerdos que creía perdidos le acrecentó el palpito en su cabeza.
Fue a la cocina en busca de un vaso de agua. Miró por la ventana del lavadero hacia el pulmón de su manzana... A lo lejos podía verse el río oscureciéndose con la llegada de la noche. Derrepente todo el malestar se extinguió, como si la contemplación de la inmensidad hubiera asustado a sus demonios torturadores. No era nada, simplemente un soplo en una tormenta de viento.
Y así volvió a su computadora y a la pila de cosas que aún le quedaban por hacer, pensando que si había sobrevivido hasta hoy, lograría llegar al día siguiente.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La contaminación del mundo

Sonrisas falsas pasean por la calle, deslumbran con un brillo vulgar que quita todo encanto al más preciado acto humano. Ya no es gente sino espectros aquellos que cruzan en rojo las calles de la ciudad, aquellos que miran para otro lado al caerse alguien al piso por tropezar. Asquerosa alegría ficticia que no logra divertir ni al más iluso.
Todo resulta una copia barata de una realidad que no existió jamás. Los cuentos de hadas que intentaron instaurar una utópica visión de libertad ya no sirven para silenciar el llanto de los pequeños espectros que gritan pidiendo más sangre que beber.
Es una oscura, hasta morbosa imagen de una sociedad consumida por su propio egoísmo, su propio deseo de progresar a toda costa, a costa misma del otro.
Es una imagen completamente desesperanzada de que las cosas no cambiaron, no cambian y probablemente tampoco cambiarán en un futuro, dando paso a la más cruda resignación de caminar entre espectros, zombies, seres sin alma que no reparan en el dolor ajeno, en la necesidad de una mano que consuele, que considere un instante lo que al otro le pasa. Es una visión devastadora, cruel e insalvable.
Sin embargo, aún hay gente que mantiene esta mirada como única posible. Está en nosotros hacer algo para que esa gente sean las menos y poder demostrar que existe la posibilidad de hacer de este mundo contaminado por los sentimientos egoístas algo mejor.