Es seguro que yo te extraño, la pregunta es: ¿me extrañarás vos a mí?
sábado, 17 de mayo de 2014
jueves, 15 de mayo de 2014
En tus manos
Pero lo que te extraño, por todos los dioses que existieron y existen en esta Tierra, es infinito. Siento tu ausencia justo en el centro de mi corazón. Intento distraerme, no pensar, pasar un día a la vez, pero en el silencio recuerdo tus besos, tus caricias, los días y noches compartidas... Y ahi me desmorono de nuevo.
Sé que no debería dejar que suceda, pero es más fuerte que yo. Ya no puedo seguir refugiandome en mi alrededor, me siento tan mal al no poder sonreirle a mis amigos, a mi familia... No es justo para ellos verme llorar. Entonces me encierro. Y en la soledad tu recuerdo se fortalece, toma forma propia y tu sombra brilla en la oscuridad de mi casa.
Y me dan ganas de llamarte, de escribirte, de ir a buscarte. De ponerte frente a mí de nuevo y que me repitas todo de nuevo, que me convenzas que no me amaste nunca, que no sentís por mí más que un cariño trivial, que no se transformará jamás en ese amor que podríamos haber construido juntos.
Porque me cuesta creer que todo esto termine así. Me cuesta desconfiar de lo que vi en tus ojos en todas esas despedidas. Si me diste todas las llaves, te pusiste del otro lado de la puerta para bloquearla. Por algo tuviste que haber destruido todas nuestras bases, y me enoja saber que no me di cuenta a tiempo, que no te detuve.
Y ahora no sé si seguir luchando por tu amor, o quedarme sentada en mi lugar. Ya no sé que hacer.
Sólo sé que te amo, y que me duele muchisimo estar lejos tuyo, que me ato las manos para no escribirte ni llamarte, que me ato los pies para no irme hasta donde estés a buscarte. Y mientras no sé que hacer, espero que esta vez yo tenga la razón, y que no perdamos la oportunidad de ser felices, juntos. Pero para eso necesito que te juegues, que dejes de bloquear tu corazón, que no tengas miedo, no de mí. Cuando te digo que te amo, es mi corazón quien se entrega a tus manos. Y aún lo tienes ahí, por favor, no lo tires.
domingo, 4 de mayo de 2014
Tus huellas
jueves, 1 de mayo de 2014
Maldito As
No esperaba que fuera así, aún cuando el viento me susurraba en el oído la llegada de un Adiós, no quería.
No quiero imaginar mi vida sin vos, me cuesta tanto levantarme y saber que no estás ahí, que no volverás a estar nunca más. Y duele, duele como si todos mis muebles, y hasta el piso, estuvieran hechos de astillas y espadas.
Sé que no soy justa con vos, que no es justo que te diga cuanto duele el haberte perdido. Pero ya el dolor me es tan grande que sobrepasa mi cuerpo, me hace temblar y convierte mis ojos en cataratas constantes.
Y aunque sé que no queres que te espere, que queres que siga mi vida y busque ser feliz, lamentablemente no veo esa posibilidad ahora en mi vida.
No puedo aguantar la posibilidad de saber que todo este amor que siento hoy tenga que morir. No puedo creer que el destino haya sido tan cruel como para que ahora pretenda que te olvide, que borre de mi piel todos tus besos, todas tus caricias. Porque no puedo, ¿sabes? Realmente no creo poder hacerlo. 1 o 2 años no van a ser suficientes. Podré fingir, podré dejarme acariciar cuando el tiempo pase y el dolor se haya convertido en un agujero más en mi corazón, pero no podré olvidarte, eso lo sé. No podré borrar tus rastros de mi vida y la verdad es que tampoco quiero.
Me enseñaste tantas cosas, que no serán tan fáciles de olvidar.
En este mismo instante me duele el alma, y no sé como consolarla. Y no me queda más que desear que mi amor te haya llegado a hacer feliz, aunque no haya logrado que me amaras igual.
Sólo puedo pensar que aunque me duele como una puñalada, que espero que encuentres esa mujer que logre que la ames, y que ella te ame tanto o más que yo. Que vea en vos lo maravilloso de tu ser, que te acepte como sos y no quiera cambiarte nunca. Y te pido por favor que seas feliz, aunque seas lejos mío por favor sé feliz.
Y yo tendré que seguir mi camino, buscar la manera de que el dolor no consuma mi vida. Y poder entender que este amor logró hacerme una mejor mujer, logró que mis días brillaran con mucha más intensidad. Y entender que no puedo volver el tiempo atrás. Quién sabe, quizás algún día nos volvamos a encontrar y las cosas sean diferentes. Qué sé yo. Ilusa ilusión que me queda. Prometo entonces no dejarte escapar, y que si la vida me da esa oportunidad, voy a vencer esa barrera que nos separó hoy.
Porque te amo, y no importa si lo queres creer o no, siempre te voy a amar.
martes, 29 de abril de 2014
Fenix
Los había sentido acercarse, los había visto comerse la luz hasta que la oscuridad total cubría el camino por el que habían venido.
Espectros de muerte, que cazaban para saciar su sed de sangre y luz. Sed de vidas que aún tienen esperanzas. Por eso estaba él ahí, buscando la oportunidad de cambiar su destino, de poder vencer.
El miedo le hacía temblar, sentía un sudor frío recorriendo su espalda. Tenía una sola oportunidad, era matar o morir en el intento. Un único tiro que tendría que ser certero y eficaz.
Se acercó a las piedras que había acomodado en el piso, en circulo, y verificó que el pasto estuviera aún ahí, seco, bajo las ramas que había conseguido de los árboles que estaban durmiendo su siesta otoñal.
Y esperó, paciente, oculto tras las rocas. Esperó que los espectros se acercaran hasta el punto dónde él había preparado todo.
Escuchaba los gritos y lamentos de los seres atacados por las sombras, veía como la nada misma se apoderaba del lugar.
No supo cuanto tiempo esperó; le parecieron horas eternas, o quizás sólo habían sido minutos. No lo sabía.
Finalmente sintió el frío de la muerte extenderse cerca de él. Miró entre las rocas y los vio: Acercándose lentamente hacia la bifurcación del camino. Allí se detendrían un instante, para decidir hacia dónde encontrarían más almas que tomar.
Agarró firmemente su arco y la flecha en su otra mano y las colocó junto a él y al circulo de rocas. Tenia tan solo unos segundos para hacer todo bien, o sino la eternidad de la muerte se apoderaría de él.
Los espectros se encontraban a pocos metros cuando vio que estaban sobre el camino que él había supuesto.
Agarró dos piedras que tenía preparadas y prendió las ramas secas, que ardieron en menos de un segundo.
Un segundo después prendía la punta de la flecha que había envuelto en hojas secas y alcohol.
Otro segundo más, mientras los espectros giraban en su dirección atraídos por la luz del fuego, y disparó.
La flecha tardó segundos en llegar al suelo, a menos de un metro de los espectros, pero a él le parecieron horas.
Los espectros iban a comenzar su ataque en ese instante cuando el suelo sobre el que estaban se transformó en llamas ardientes. La flecha había dado en su objetivo, el pasto seco del otoño.
El fuego comenzó a consumir a los espectros, que lanzaban alaridos furiosos. Pero no podían escapar, él había preparado el suelo para que los espectros estuvieran rodeados de fuego.
Los vio gritar, intentar escapar por dónde sólo encontraban más llamas. Los vio morir. Finalmente los vio morir.
Y con ellos mataba sus miedos, sus penas y sus desgracias. Esta era su venganza. Los espectros se habían llevado aquellos a quién él había amado. Ahora sentía lo que los espectros debían sentir al tomar una vida. Un poder extraño recorrió su ser. Y lo entendió, aquella obsesión por los espectros se había consumido su vida, como el fuego consumió a los espectros.
Dejó caer el arco y comenzó a caminar. Sin darse cuenta, había alimentado la oscuridad que habitaba en él, y ahora debía purificarse, debía matar al espectro en el que se había convertido.
Entró al circulo de fuego y se dejó atrapar por el calor de las llamas. Sintiendo como el fuego consumía la oscuridad. Su oscuridad.
Somos cenizas, somos fuego, somos la libertad.
jueves, 17 de abril de 2014
Dicen que dicen
Me dijeron que no podría, que por más que lo intentara no lograría salvar el destino que me estaba asignado.
Me dijeron que era inútil luchar, que por más banderas que levantase finalmente caería en la batalla decisiva.
Me dijeron que no me esfuerce por nada, que mire hacia abajo y guarde silencio. Que siga caminando por donde debía caminar.
Pero no les creí, y el mundo ha temblado repetidamente desde entonces bajo mis pies. Me advirtieron que eso sucedería, pero aun así no les creo.
Siempre hay algo por qué esforzarse, siempre hay algo por qué luchar, siempre hay algo en lo que creer...
Y yo creo en mí misma, en que mi destino no puede ser más fuerte que mi esencia. En que la espada se bajará solamente cuando la última batalla haya terminado. Sólo cuando por fin haya alcanzado la victoria.
martes, 8 de abril de 2014
Encrucijadas
Suena repetitivo, lo sé. Pero es que ya no sé. Es como que las teorías se enredaran en un embrollo que sigue aumentando de tamaño a cada minuto, a cada palabra que pasa.
Me siento confundida, no por mis propios sentimientos, sino por los ajenos. Porque no entiendo qué está sucediendo del otro lado.
Algunos actos muestran una cosa, otros otra. No entiendo, realmente no entiendo y por ende no sé que hacer.
Espero encontrar la salida a esta situación, resolver hacia que camino debo dirigirme para poder seguir disfrutando de la felicidad que hoy se ve empañada por la duda.
Por favor, carteles ¡iluminence!