sábado, 26 de noviembre de 2016

Las siete palabras

Una vez leí que bastan siete palabras para enamorar una mujer. No se trata precisamente de una frase pre-elaborada, ni una clave en un idioma desconocido, simplemente hay ocasiones en que más de siete palabras sobran, son inútiles o superfluas.
Y es que las mujeres seremos muy complejas en muchos de nuestros aspectos, pero lo cierto es que somos hijas de Venus y sabemos reconocer la pasión oculta tras una sonrisa, una mirada y tan sólo siete palabras.

jueves, 20 de octubre de 2016

Las palabras también vuelven...

Y una noche, como muchas noches de mi vida, me senté a escribir...

La espina de dios

Es como una espina clavada en el centro mismo de mi memoria, que me permite darme cuenta cuando no hay sinceridad, que me enseña a que confiar no implica desconfiarse de uno mismo.

Hay enseñanzas que son crueles e incluso creemos que innecesarias, pero siempre todo aquello que nos pasa tiene un motivo, en este caso, hacerme comprender que las espinas duelen, pero también significan memoria, significan aprendizaje, implican que hay una razón (que quizás no conozca) para que existan y permanezcan allí, donde molestan, hasta que un día tal vez (pero tal vez nomas) haya forma de eliminarlas sin olvidar.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Un sábado por la mañana...

Aún me quedan muchos kilómetros por recorrer, y muchos paisajes que visitar. Mis pies inquietos se mueven indicándome que es hora que comenzar otra vez.
Y quizás es esta expectativa, o tal vez sólo el rumor del viento, pero siento que este nuevo comienzo, este volver a caminar habiendo recuperado mis candombes de resaca, me llevará a un mejor lugar.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Ausencia de palabras

Como a veces es tan complicado lograr explayar lo que pasa por la mente, paso muchas horas de mi vida callada buscando, simplemente buscando, las palabras adecuadas para representar aquello que vive en mi interior.
Quizás es porque he madurado, quizás es porque somos hijos del rigor, pero la verborragia me ha abandonado y me ha dejado con la responsabilidad de escribir algo mejor que simple historias de amor.
Y ahora estoy aquí, un jueves por la noche, con el ruido de la calle y mis dedos sobre el teclado como música de fondo. Mi gata me observa predicar desde la mesa de luz, quieta y expectante como si supiera lo importante de este rito que es escribir.
Es que escribir para mí no es un descargue, ni es siquiera un entretenimiento, sino que es la esencia misma de mi ser, que me permite ser quien soy, decir lo que pienso y sentir a través de las palabras que ahora alguien más está leyendo. Porque escribir es dar vida a un montón de cosas que uno no sabía que tenían ente propio. Es jugar a ser un Dios omnipotente y omnipresente en todo aquello que dejamos grabado en un papel, una red o en la arena del tiempo.
No debemos olvidar que las palabras son armas letales, mucho más peligrosas que un cuchillo o una bala. Las palabras tienen el poder de crear o de destruir con la facilidad de un huracán. Es por esto que he aprendido a medirlas, a usarlas con responsabilidad y, hasta a veces, aceptar su ausencia. Y te aconsejo que empieces a hacer igual.

martes, 5 de julio de 2016

Los días después

Algunas sombras no se escarmientan con la noche, sino que se vuelven más audaces, más caprichosas en su presencia ante los ojos del mortal que se cruce en su desdichado camino.
Es así como me encuentro ahora tratando de esquivarlas, no cruzarlas como si yo fuera una rea supersticiosa y las sombras escaleras, gatos negros o sal derramada.
Aunque ahora me pregunto, ¿qué objeto tiene huir, tratar de escapar? Sé que las batallas se crearon para afrontarse, para ganarlas, no para rendirse o parlamentarlas. Menos aún con seres informes.
Pero aún así, días después, trato de tomar la decisión: de levantar las lanzas o bajar bandera. No quiero que corazón de luz y sombra termine mancillado en esta cruzada, con lo que me costó recomponerlo de la última guerra que libré. No quedan muchas opciones, no sé bien si saldré victoriosa de este reto, pero definitivamente, estos días después de, deben terminar de una vez.

martes, 3 de mayo de 2016

Átenme las manos

Parece absurdo, ¿no?
Quizás alguno pensará que soy algo masoquista o que leer las Sombras de Grey durante mi viaje por Europa me afectó seriamente, pero aquellos que me conocen (y conocen mi verdadero amor por Borges) saben que no es eso a lo que me refiero.
Pero digo, me pregunto... ¿Por qué será que algunas mujeres (y hombres seguro que también) nos empecinamos con determinas cosas, con determinada gente?
Sinceramente, hay veces que ni yo me entiendo. Incluso creo que ni mi psicóloga me entiende tampoco, porque mi subconsciente es tan retorcido que busca la mejor manera de ocultar la respuesta a esta situación. 
Me encuentro pensando, re pensando, re-contra pensando en una voz, unos ojos, un momento. Y sé que es por nada, que es un barco que quedó al otro lado del océano y que debería olvidarlo, pero, ¡qué miércoles que soy tan obstinada que ni yo misma a veces me aguanto!

Entonces, conociendo mi debilidad (esperando que ese otro no la conozca nunca) es que me auto-impongo ciertos límites, ciertas barreras para conservar mi orgullo un poco menos baqueteado, para no dejarme expuesta ante alguien que no tiene idea de lo que significa para mí exponerme. Porque es muy fácil hacer juicios apresurados y juzgarme sin conocerme, sin saber los juegos de luces y sombras que cubren mi piel, sin saber todo lo que soy y cómo puedo llegar a dejarme ser. Es realmente fácil pensar que con media hora, uno se puede hacer una idea del otro, pero si me estás leyendo, querido lector, sabrás tan bien como yo que con unas horas no alcanza, y hay veces que ni media vida resulta suficiente. 

Y es por eso que ahora estoy pidiendo que alguien me ate las manos, que me ayude a mantener mis límites de salvaguarda, que me ayude a no correr en busca de algo que ni siquiera sé donde encontrar.
Quizás todo esto es sólo porque ya me he cansado de tanto remar, y sólo deseo que alguien al fin me ayude a cruzar.