Ella se encuentra ahí, sentada en el sillón mirando de vez en cuando hacia la puerta. La música de fondo corroe el silencio de sus ojos expectantes. El reloj continúa marcando los segundos, tic-tac, tic-tac, sin detenerse a esperar lo que sea que ella aguarda. Y el paso del tiempo sólo vuelve más cruel la espera, más fuerte la ansiedad. Intenta evitarlo, intenta mirar para otro lado, pero ella sigue esperando una señal, una palabra, una sonrisa. Algo. Sólo espera que suceda finalmente algo.
Pero tic-tac.
Nada la acompaña, ni tampoco el dichoso suceso se da. Ella continúa esperando allí, a que algo mágico suceda y rompa con la espera.
martes, 25 de septiembre de 2018
lunes, 3 de septiembre de 2018
Laberintos
En ocasiones mi cabeza se convierte en un laberinto infinito de pensamientos, una madeja de ideas que parece no tener fin. Es agotador, pensar y repensar. A veces creo que es hasta contraproducente para mi propio psiquis. Sin embargo, no es algo que simplemente pueda evitar. Hay tantas cosas que no conozco, que no sé como encarar, que para poder luchar contra la incertidumbre mi cerebro busca alternativas, elabora escenarios y crea estrategias.
Es absurdo, nada en realidad está en nuestras manos, salvo nuestras propias decisiones. Y cada una de ellas es independiente y desconocida para los demás. Por lo que no importa que tanto conjeture, que tanto intente adivinar. Solo haciendo lo que sinceramente se siente, uno puede continuar con la conciencia tranquila, sabiendo que al final, la puerta del laberinto siempre aparecerá.
sábado, 4 de agosto de 2018
Entrega #9
Gonzalo caminaba bajo la lluvia a paso tranquilo, ya se había empapado por completo, por lo que no tenía sentido correr ni apurarse. Mientras la lluvia le recorría el pelo y caía por su cara, repasaba como había sido su día: los problemas de trabajo, las peleas con su vieja, pero detrás de todo eso estaba el llamado de Natalia del día anterior... No podía dejar de pensar en ese llamado, lo tenía realmente intranquilo. No había noticias de ella en meses, desde que habían terminado, el silencio había sido absoluto. No la culpaba, sabía que gran parte de la responsabilidad era de él, pero el llamado lo había descolocado.
¿Qué ocurría para que Natalia decidiera dejar su orgullo de lado y llamarlo de esa forma? Hacía mil suposiciones, pero ninguna lo convencía del todo. Natalia se había alejado de tal forma de su vida, que él no sabía ni siquiera si seguía viviendo en el mismo lugar... Cuando se dio cuenta, estaba ya en la puerta de su casa. Ahora sólo quedaba esperar, dejar pasar los días hasta el sábado y despejar todas sus dudas.
¿Qué ocurría para que Natalia decidiera dejar su orgullo de lado y llamarlo de esa forma? Hacía mil suposiciones, pero ninguna lo convencía del todo. Natalia se había alejado de tal forma de su vida, que él no sabía ni siquiera si seguía viviendo en el mismo lugar... Cuando se dio cuenta, estaba ya en la puerta de su casa. Ahora sólo quedaba esperar, dejar pasar los días hasta el sábado y despejar todas sus dudas.
jueves, 31 de mayo de 2018
jueves, 10 de mayo de 2018
Entrega #8
Natalia miraba por la ventana como la lluvia caía incesante sobre la ciudad. Hacia semanas que llovía sin respiro, dejándolo todo húmedo y pegajoso.
“Días así resultan una total pérdida de tiempo”, pensó. Frente a ella, en la mesa del bar, había un cuaderno lleno de garabatos. No tenía ánimos de dibujar, no importaba cuantos cafés se tomara, simplemente su cerebro se negaba a despertar y ponerse a trabajar adecuadamente.
Por la televisión del local estaban pasando una película, lo observó justo cuando estaban pasando una escena de su película favorita: The Big Fish. Edward estaba intentando comprar la casa del pantano. Media sonrisa asomó a su rostro al recordar esa parte... “Ohhh Edward, si supieras que, en realidad, muchas veces es un problema tanto llegar antes de tiempo como llegar cuando ya nadie te está esperando”. Ella lo sabía perfectamente, aunque había costado sus lágrimas aprenderlo. Siempre uno pensaría que llegar tarde es mejor que no llegar, pero cuando uno llega cuando su tiempo pasó... No, Natalia sabía que eso también era malo. Y ahora pensaba, mientras una gota bajaba perezosa por la ventana, si su tiempo ya habría pasado...
“Días así resultan una total pérdida de tiempo”, pensó. Frente a ella, en la mesa del bar, había un cuaderno lleno de garabatos. No tenía ánimos de dibujar, no importaba cuantos cafés se tomara, simplemente su cerebro se negaba a despertar y ponerse a trabajar adecuadamente.
Por la televisión del local estaban pasando una película, lo observó justo cuando estaban pasando una escena de su película favorita: The Big Fish. Edward estaba intentando comprar la casa del pantano. Media sonrisa asomó a su rostro al recordar esa parte... “Ohhh Edward, si supieras que, en realidad, muchas veces es un problema tanto llegar antes de tiempo como llegar cuando ya nadie te está esperando”. Ella lo sabía perfectamente, aunque había costado sus lágrimas aprenderlo. Siempre uno pensaría que llegar tarde es mejor que no llegar, pero cuando uno llega cuando su tiempo pasó... No, Natalia sabía que eso también era malo. Y ahora pensaba, mientras una gota bajaba perezosa por la ventana, si su tiempo ya habría pasado...
viernes, 30 de marzo de 2018
Entrega #7
Gonzalo salía de su oficina, agotado de otro día laboral agitado. Subía a su moto para volver a su casa cuando su teléfono empezó a sonar. Miró la pantalla con hartazgo, pero se sorprendió al instante al reconocer el número. Ya no lo tenía agendado, pero recordaba claramente a quién pertenecía. Atendió.
-Hola?
-Hola... Soy Nati... Disculpa que te moleste a esta hora.
-No te preocupes, Nati. Me sorprende que me llamaras, ¿pasó algo? ¿estás bien?
-Si, si. No pasó nada, solo... Bueno, no sé sinceramente por qué hago esto, pero quisiera que nos juntáramos y tomemos un café, ¿te parece muy loco?- Gonzalo se quedó sorprendido ante su propuesta.
-No, para nada. Decime, ¿cuando queres que nos veamos?
-Te parece... ¿sábado por la tarde? Tengo que ir a Palermo, podemos vernos por ahí cerca.
-Dale, me parece perfecto. Salgo de boxeo a las dos de la tarde. Nos vemos tipo cuatro, ¿está bien?
-Si, dale. Nos vemos en Plaza Serrano el sábado a las 16 entonces.Y... Gonza, gracias.
-No hay problema, Nati. Hasta el sábado.
-Chau.
Cortó el teléfono todavía sorprendido. No imaginaba qué le ocurría a Natalia, pero ella no lo hubiera llamado si no era importante. Subió a su moto y encaró el camino a su casa, sin poder dejar de pensar en ese llamado y lo que le esperaba el sábado.
-Hola?
-Hola... Soy Nati... Disculpa que te moleste a esta hora.
-No te preocupes, Nati. Me sorprende que me llamaras, ¿pasó algo? ¿estás bien?
-Si, si. No pasó nada, solo... Bueno, no sé sinceramente por qué hago esto, pero quisiera que nos juntáramos y tomemos un café, ¿te parece muy loco?- Gonzalo se quedó sorprendido ante su propuesta.
-No, para nada. Decime, ¿cuando queres que nos veamos?
-Te parece... ¿sábado por la tarde? Tengo que ir a Palermo, podemos vernos por ahí cerca.
-Dale, me parece perfecto. Salgo de boxeo a las dos de la tarde. Nos vemos tipo cuatro, ¿está bien?
-Si, dale. Nos vemos en Plaza Serrano el sábado a las 16 entonces.Y... Gonza, gracias.
-No hay problema, Nati. Hasta el sábado.
-Chau.
Cortó el teléfono todavía sorprendido. No imaginaba qué le ocurría a Natalia, pero ella no lo hubiera llamado si no era importante. Subió a su moto y encaró el camino a su casa, sin poder dejar de pensar en ese llamado y lo que le esperaba el sábado.
martes, 13 de febrero de 2018
Perdidos en la niebla
Quizás era la infinita incertidumbre lo que hacía que la niebla impresionara más que de costumbre, pero ella se sintió desolada en medio de la luz difusa de la mañana. Miró hacia todos los costados, pero hasta donde alcanzaba su vista, la niebla lo cubría todo.
Gritó. Fuerte y hasta que le dolieron las cuerdas vocales, tratando de encontrar el camino, alguna señal de vida que le mostrara hacia dónde seguir. Pero nadie respondió. La niebla lo absorbía todo, incluso el sonido de su respiración.
Sola y con miedo, cayó de rodillas, se dejó caer hasta sentir el suelo bajo de sí. El contacto con la tierra le dio una esperanza, no todo era niebla, al menos el suelo era firme. Se quedó acostada allí, hasta que el sol se elevó en lo alto. Sabía que debía levantarse y comenzar a avanzar, hacia algún lado, aunque no supiera cual, pero volver a estar de pie la asustaba. Se sentía atrapada en la seguridad del suelo...
De repente, un sonido captó su atención. En medio de la niebla, una voz logró atravesar el espacio hasta sus oídos. No podía distinguir las palabras, pero comprendió el tono de urgencia, el mismo que ella sentía en su interior. Obligó a sus manos a apoyarse sobre el suelo y levantar su cuerpo. De pie, buscó la dirección de la voz, gritando a su vez, para intentar guiar a su interlocutor hacia ella también. A medida que avanzaba en la niebla, sus pies pasaron de caminar con cuidado a correr, siempre siguiendo el sonido de la voz que cada vez era más claro, hasta que en un momento, el silencio volvió a hacerse presente. La voz dejó de escucharse. Ella se detuvo en seco, con el corazón latiendo fuertemente y la desesperación asomándose en su cuerpo. Giró. Giró para todos lados buscando algún indicio. Volvió a gritar, pidiéndole a la voz que volviera. Pero el silencio era su única respuesta.
Una lágrima comenzó a caer por su mejilla cuando notó algo irregular en la niebla. Parecía como si hubiera tomado vida y se acercara hacia ella. No tuvo tiempo de procesar lo que veía hasta que lo tuvo frente. Ahí había alguien, otro ser que también estaba entre la niebla solo. Se quedó paralizada mirando como se acercaba. Quiso hablar, decir algo, pero su voz se había perdido en alguna parte de su garganta, solo pudo articular unas pocas palabras mientras miraba al hombre parado a solo unos pasos de ella.
-¿Eras tú... quien gritaba?- Dijo, aún desorientada y sorprendida.
-Sí, yo estaba llamándote. Escuché tu voz y supe que debía buscarte. Sabía que en algún lugar, entre toda esta niebla, te encontraría.-
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