jueves, 10 de mayo de 2018

Entrega #8

Natalia miraba por la ventana como la lluvia caía incesante sobre la ciudad. Hacia semanas que llovía sin respiro, dejándolo todo húmedo y pegajoso.
“Días así resultan una total pérdida de tiempo”, pensó. Frente a ella, en la mesa del bar, había un cuaderno lleno de garabatos. No tenía ánimos de dibujar, no importaba cuantos cafés se tomara, simplemente su cerebro se negaba a despertar y ponerse a trabajar adecuadamente.
Por la televisión del local estaban pasando una película, lo observó justo cuando estaban pasando una escena de su película favorita: The Big Fish. Edward estaba intentando comprar la casa del pantano. Media sonrisa asomó a su rostro al recordar esa parte... “Ohhh Edward, si supieras que, en realidad, muchas veces es un problema tanto llegar antes de tiempo como llegar cuando ya nadie te está esperando”. Ella lo sabía perfectamente, aunque había costado sus lágrimas aprenderlo. Siempre uno pensaría que llegar tarde es mejor que no llegar, pero cuando uno llega cuando su tiempo pasó... No, Natalia sabía que eso también era malo. Y ahora pensaba, mientras una gota bajaba perezosa por la ventana, si su tiempo ya habría pasado...

viernes, 30 de marzo de 2018

Entrega #7

Gonzalo salía de su oficina, agotado de otro día laboral agitado. Subía a su moto para volver a su casa cuando su teléfono empezó a sonar. Miró la pantalla con hartazgo, pero se sorprendió al instante al reconocer el número. Ya no lo tenía agendado, pero recordaba claramente a quién pertenecía. Atendió.
-Hola?
-Hola... Soy Nati... Disculpa que te moleste a esta hora.
-No te preocupes, Nati. Me sorprende que me llamaras, ¿pasó algo? ¿estás bien?
-Si, si. No pasó nada, solo... Bueno, no sé sinceramente por qué hago esto, pero quisiera que nos juntáramos y tomemos un café, ¿te parece muy loco?- Gonzalo se quedó sorprendido ante su propuesta.
-No, para nada. Decime, ¿cuando queres que nos veamos?
-Te parece... ¿sábado por la tarde? Tengo que ir a Palermo, podemos vernos por ahí cerca.
-Dale, me parece perfecto. Salgo de boxeo a las dos de la tarde. Nos vemos tipo cuatro, ¿está bien?
-Si, dale. Nos vemos en Plaza Serrano el sábado a las 16 entonces.Y... Gonza, gracias.
-No hay problema, Nati. Hasta el sábado.
-Chau.
Cortó el teléfono todavía sorprendido. No imaginaba qué le ocurría a Natalia, pero ella no lo hubiera llamado si no era importante. Subió a su moto y encaró el camino a su casa, sin poder dejar de pensar en ese llamado y lo que le esperaba el sábado.

martes, 13 de febrero de 2018

Perdidos en la niebla

Quizás era la infinita incertidumbre lo que hacía que la niebla impresionara más que de costumbre, pero ella se sintió desolada en medio de la luz difusa de la mañana. Miró hacia todos los costados, pero hasta donde alcanzaba su vista, la niebla lo cubría todo.
Gritó. Fuerte y hasta que le dolieron las cuerdas vocales, tratando de encontrar el camino, alguna señal de vida que le mostrara hacia dónde seguir. Pero nadie respondió. La niebla lo absorbía todo, incluso el sonido de su respiración. 
Sola y con miedo, cayó de rodillas, se dejó caer hasta sentir el suelo bajo de sí. El contacto con la tierra le dio una esperanza, no todo era niebla, al menos el suelo era firme. Se quedó acostada allí, hasta que el sol se elevó en lo alto. Sabía que debía levantarse y comenzar a avanzar, hacia algún lado, aunque no supiera cual, pero volver a estar de pie la asustaba. Se sentía atrapada en la seguridad del suelo...
De repente, un sonido captó su atención. En medio de la niebla, una voz logró atravesar el espacio hasta sus oídos. No podía distinguir las palabras, pero comprendió el tono de urgencia, el mismo que ella sentía en su interior. Obligó a sus manos a apoyarse sobre el suelo y levantar su cuerpo. De pie, buscó la dirección de la voz, gritando a su vez, para intentar guiar a su interlocutor hacia ella también. A medida que avanzaba en la niebla, sus pies pasaron de caminar con cuidado a correr, siempre siguiendo el sonido de la voz que cada vez era más claro, hasta que en un momento, el silencio volvió a hacerse presente. La voz dejó de escucharse. Ella se detuvo en seco, con el corazón latiendo fuertemente y la desesperación asomándose en su cuerpo. Giró. Giró para todos lados buscando algún indicio. Volvió a gritar, pidiéndole a la voz que volviera. Pero el silencio era su única respuesta. 
Una lágrima comenzó a caer por su mejilla cuando notó algo irregular en la niebla. Parecía como si hubiera tomado vida y se acercara hacia ella. No tuvo tiempo de procesar lo que veía hasta que lo tuvo frente. Ahí había alguien, otro ser que también estaba entre la niebla solo. Se quedó paralizada mirando como se acercaba. Quiso hablar, decir algo, pero su voz se había perdido en alguna parte de su garganta, solo pudo articular unas pocas palabras mientras miraba al hombre parado a solo unos pasos de ella.
-¿Eras tú... quien gritaba?- Dijo, aún desorientada y sorprendida.
-Sí, yo estaba llamándote. Escuché tu voz y supe que debía buscarte. Sabía que en algún lugar, entre toda esta niebla, te encontraría.- 

lunes, 5 de febrero de 2018

Entrega #6

Las lágrimas caían por su rostro. A medida que el reloj continuaba su avance, el dolor se arraigaba más, corroyendo su interior.
Hacía días que apretaba los puños, que buscaba poder contener todo ese peso que se estaba acumulando sobre su espalda, pero había llegado a su límite. El día pasó expectante, esperando una señal, deseando que todas sus hipótesis se derrumbaran en un solo segundo. Pero el tiempo pasó, nada ocurrió y finalmente se desplomó como un castillo de naipes expuesto a un huracán.
Así la encontró Sofía, arrinconada en el sofá, abranzandose las piernas a medida de que su cuerpo subía y bajaba con cada lágrima.
-¡Nati! Linda, pero ¿qué paso?-le preguntó corriendo a su lado. Ella negaba con la cabeza oculta entre sus brazos, pero Sofía no se contentó con esa respuesta, por lo que le insistió. -Dale, Na. Decime, por favor, qué te pasa. ¿Por qué estás llorando?- Natalia levantó su rostro y la miró con los ojos hinchados, decidiendo si comenzar a hablar o no...
-Es que... Ya no puedo más, Sofi. Ya no soporto más esta incertidumbre... Estoy cansada, agotada de pensar y re-pensar posibilidades, dar excusas qué sé que no son más que eso. -Natalia comenzó a elevar la voz a medida que todo su dolor salía fuera de ella- Llegué a mi límite, me siento una misma nada, una mierda. No valgo un carajo y por eso no merezco ser querida por nadie... ¡Eso me pasa!- y continuó llorando con su rostro nuevamente entre los brazos. Sofía la miraba atónita. Algo claramente había pasado ese día para que su amiga se sintiera de esa manera, pero sabía que no era el momento de presionarla. Ella le contaría cuando llegara el momento, por lo que, simplemente, se sentó junto a ella en el sofá y la abrazó, obligándola a recostarse sobre sus piernas. Natalia cedió ante su cariño y se recostó en el sofá, dejando que sus lágrimas desagotaran toda la angustia que había estado acumulando.

miércoles, 17 de enero de 2018

No lo sé

Quizás hay quienes se jacten de tener la respuesta en todo momento. Hay quienes se sienten orgullosos de decir "¿no lo sabes?". Pero yo no. Nunca fui de aquellas personas que tratan de impresionar al otro demostrando sus conocimientos. Nunca pude ponerme en ese papel donde no importa cuál sea la pregunta, yo daría una respuesta. Porque siempre sentí que ganaba más con la humildad del no saber que con la prepotencia de querer responder.
Me siento bien diciendo "no lo sé", porque eso me ayuda a seguir aprendiendo, investigando, descubriendo.

Eso hace la vida un poco más interesante, ¿no lo creen?