Desde su infancia se había acostumbrado a mirar el movimiento de las copas de los árboles con especial interés. Paseaba por la calle con la mirada perdida en el horizonte. Al hablar con él, se lo notaba lejano, perdido en un mundo de lingüística y significantes. Si no fuera porque desde que era pequeño e inocente tenía esa mirada que veía más allá de la piel, muchos habrían pensado que se había perdido en costumbres enviciantes.
Ahora, siendo un adulto responsable, trabaja, se mantiene, se relaciona con todos como cualquier otra persona que camina por la ciudad, pero su mirada sigue ida, distraída de las cosas más triviales de la vida cotidiana. Es que él es un soñador empedernido. Se pasa el tiempo pensando y repensando mil versiones de todas las historias que alguien quisiera contar. Finales felices, finales inesperados, finales fatales. Todos los tipos y colores pasan por su cabeza. Mira entre las hojas las palabras, como escritas por un fantasma, que le narran la biografía del mundo en el que vive.
Él vive soñando un mundo distinto, un mundo mejor, un mundo ideal.
Se pasa tanto tiempo soñando con la utopía que se olvida que se está perdiendo de vivir el mundo real.
lunes, 10 de mayo de 2010
sábado, 8 de mayo de 2010
Memorias
La espada oxidada descansaba a la sombra de un viejo árbol, lleno de memorias, recuerdos de días de gloria y esplendor. Por eso la espada había elegido descansar allí, junto a la grandeza que una vez la magnificó, empuñada por grandes héroes, místicos seres únicos de luz blanca. Allí cayó cuando el último rey pereció en batalla. Exiliada de su lugar en la empuñadura de honor, se escondió en el bosque, junto a ese árbol que guardaba la historia de todo el mundo; sus raíces profundas llegaban a las mismas entrañas de la tierra.
La espada yace allí, rememorando en compañía del árbol todas sus guerras ganadas, sus empuñes de oro y plata. Yace aleta a que los reyes de la luz vuelvan, entonces su filo renacerá, sus piedras preciosas recuperarán su brillo, estará lista para recuperar el mundo sumido en manos de la oscuridad.
La espada yace allí, rememorando en compañía del árbol todas sus guerras ganadas, sus empuñes de oro y plata. Yace aleta a que los reyes de la luz vuelvan, entonces su filo renacerá, sus piedras preciosas recuperarán su brillo, estará lista para recuperar el mundo sumido en manos de la oscuridad.
martes, 4 de mayo de 2010
Lejos
Descalza sobre el piso de cobre del otoño, mirando un horizonte moribundo del día que se despide hasta mañana. ¿Cuántas ocasiones hay en toda una vida para apreciar los pequeños detalles que nos vuelven magnificientes? No hay recuerdos en la mente, no hay sensaciones en la piel, sólo el sentimiento que recorre cada milímetro de nuestro ser, una paz que nace de compreder la relación de cada instante, el paso del tiempo, con nuestro propio destino.
Acostada sobre un colchón de hojas secas, siento como detrás de todo el sueño y muerte aparente, se está gestando la vida silenciosa, para deleitarnos con flores y césped cuando vuelva a visitarnos Septiembre.
Acostada sobre un colchón de hojas secas, siento como detrás de todo el sueño y muerte aparente, se está gestando la vida silenciosa, para deleitarnos con flores y césped cuando vuelva a visitarnos Septiembre.
jueves, 8 de abril de 2010
La manzana prohibida
Me siento Eva, arrodillada ante el árbol de la vida y apreciando aquella manzana deliciosa, reprimiendo en deseo ante las palabras prohibitivas de el Señor. Y como aquella vieja historia en la cual nunca creí, vi a la Serpiente diabólica tentándome, diciéndome que esa manzana era una delicia y el verdadero pecado sería no probarla, no disfrutar de semejante placer.
Pero no, no podía. El pecado original marca mi destino según la iglesia católica. Y ahora estando frente a la manzana del deseo: esos ojos celestes deslumbrantes, ese marco de pelo rubio, esa sonrisa tan natural y su expresión despreocupada que conforman mi camino a la perdición; aunque no sé si lo que estaría abandonando es el paraíso, sé que probablemente me haría salir envuelta en llamas hacia un mundo completamente ajeno, con acusaciones y censuras por todos lados.
Nunca imaginé que la manzana del deseo tuviera forma masculina. Ni mucho menos pensé que podría ser tan malignamente obsesiva. Hace días que se posó frente a mis ojos y no me deja huir, me persigue hasta en mi propios sueños. Me siento Eva, sentada frente al árbol y sin saber para qué lado correr... Sin embargo, no puedo evitar que mis labios se imaginen el sabor dulce que tiene la prohibición.
Pero no, no podía. El pecado original marca mi destino según la iglesia católica. Y ahora estando frente a la manzana del deseo: esos ojos celestes deslumbrantes, ese marco de pelo rubio, esa sonrisa tan natural y su expresión despreocupada que conforman mi camino a la perdición; aunque no sé si lo que estaría abandonando es el paraíso, sé que probablemente me haría salir envuelta en llamas hacia un mundo completamente ajeno, con acusaciones y censuras por todos lados.
Nunca imaginé que la manzana del deseo tuviera forma masculina. Ni mucho menos pensé que podría ser tan malignamente obsesiva. Hace días que se posó frente a mis ojos y no me deja huir, me persigue hasta en mi propios sueños. Me siento Eva, sentada frente al árbol y sin saber para qué lado correr... Sin embargo, no puedo evitar que mis labios se imaginen el sabor dulce que tiene la prohibición.
domingo, 4 de abril de 2010
Hojas de cristal
Sigue caminando niño.
Sigue tu camino hacia adelante,
busca entre las ramas
a los ocultos pájaros cantores.
Paso a paso, sigue andando,
con el sol a cuestas
y el futuro escapándose de vos,
camina con cautela
y no pises las hojas de cristal.
Hojas de cristal
cayendo de los árboles.
¡No las pises!¡No las rompas!
Que de tan frágiles se quiebran.
Niño, sigue con tu mundo,
soñando música en el aire.
Niño, no temas, que esos galpones
no pueden atraparte.
El camino siempre te espera,
ve, corre tras la Luna.
Pequeño guerrero de plata,
no dudes en avanzar.
Pero ten cuidado con las hojas de cristal.
Hojas de cristal
cayendo de los árboles.
¡No las pises!¡No las rompas!
Que de tan viejas se marchitan.
Como hojas, hojas de cristal
que guardan secretos.
En ellas mi historia está escondida,
al costado el camino,
pero ten cuidado que de frágiles
se quiebran.
Sigue tu camino hacia adelante,
busca entre las ramas
a los ocultos pájaros cantores.
Paso a paso, sigue andando,
con el sol a cuestas
y el futuro escapándose de vos,
camina con cautela
y no pises las hojas de cristal.
Hojas de cristal
cayendo de los árboles.
¡No las pises!¡No las rompas!
Que de tan frágiles se quiebran.
Niño, sigue con tu mundo,
soñando música en el aire.
Niño, no temas, que esos galpones
no pueden atraparte.
El camino siempre te espera,
ve, corre tras la Luna.
Pequeño guerrero de plata,
no dudes en avanzar.
Pero ten cuidado con las hojas de cristal.
Hojas de cristal
cayendo de los árboles.
¡No las pises!¡No las rompas!
Que de tan viejas se marchitan.
Como hojas, hojas de cristal
que guardan secretos.
En ellas mi historia está escondida,
al costado el camino,
pero ten cuidado que de frágiles
se quiebran.
viernes, 2 de abril de 2010
Palabras cruzadas
Y su voz sonaba a cuchillos atravesando el aire, destinados directo a su cuerpo inertemente posado sobre la pared. Cada palabra significaba un suicidio anómico que buscaba arrastrar de él lo último de humano que todavía quedaba en su ser. Buscaba el dulce sabor de la venganza, a pesar del amargo que sentía con cada muerte de aquel ser, que tanto había visto crecer, que tanto había soñado tener. Ahora el sabor sucio y empalagante no lograba calmar su malestar. Siguió y siguió apuñalándolo con sus palabras, con su mirada, con su aprecio mal disfrazado de rencor. No se detuvo hasta que el cuerpo cayó al suelo, vacío de toda esencia, de toda humanidad. Un montón de harapos de piel aviejada y sin color.
Tanto había hecho por aquella criatura para verla volar, ahora contempla sus escombros, reconociendo en su interior que habiéndolo matado, había muerto también parte de su ser.
Tanto había hecho por aquella criatura para verla volar, ahora contempla sus escombros, reconociendo en su interior que habiéndolo matado, había muerto también parte de su ser.
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